En la crianza, muchas veces buscamos que nuestros hijos sean amables, educados y que se lleven bien con los demás. Pero, sin darnos cuenta, podemos estar enseñándoles a complacer a otros a costa de sus propias necesidades.
En este artículo, exploramos algunas situaciones cotidianas que pueden fomentar esta complacencia y cómo podemos abordarlas de manera más consciente.

1. Pedirles que siempre sean amables, incluso cuando alguien los trata mal
Cuando insistimos en que nuestros hijos sean siempre amables, incluso en situaciones incómodas, les enseñamos que su incomodidad no importa tanto como la de los demás.
¿Qué hacer en su lugar?
Enseñarles que pueden ser respetuosos y firmes al mismo tiempo. Frases como «Puedes decir que no sin ser grosero» o «Tienes derecho a alejarte si algo te hace sentir mal» son útiles.
2. Forzarlos a compartir o a tener contacto físico
Obligar a los niños a compartir sus juguetes o dar abrazos cuando no quieren puede enseñarles que su cuerpo o sus pertenencias no les pertenecen del todo.
¿Qué hacer en su lugar?
Fomentar la generosidad como una elección, no una obligación. Y enseñarles a escuchar sus propias sensaciones corporales. «Puedes saludar con la mano si no quieres abrazar» es una frase que valida sus límites.
3. Elogiar solo cuando agradan o “se portan bien”
Cuando los elogiamos solo por ser “niños buenos” o “obedientes”, reforzamos la idea de que su valor depende de no incomodar o de no expresar sus emociones.
¿Qué hacer en su lugar?
Valorar también su autenticidad: «Me encanta cómo expresaste lo que sentías» o «Gracias por decirme que eso no te gusta».
4. Invalidar sus negativas o sus preferencias
Frases como «No seas exagerado» o «Eso no fue para tanto» pueden hacer que los niños duden de su percepción interna.
¿Qué hacer en su lugar?
Validar lo que sienten, incluso cuando no actuamos según su deseo. «Entiendo que no quieras compartir en este momento. También es válido».
¿Por qué importa todo esto?
Porque de adultos, los niños que aprendieron a complacer pueden:
- Tener dificultad para poner límites.
- Sentirse culpables por decir “no”.
- Desconectarse de sus propias necesidades para evitar conflictos.
Y aunque ser empático es una virtud, la verdadera empatía no se cultiva sacrificándose, sino conectando con uno mismo primero.

Cierre
Educar desde la conciencia emocional no es solo enseñar a los niños a convivir, sino también a reconocerse como personas completas, con derecho a sentir, a elegir y a decir que no.
Recuerda: no se trata de criar niños egoístas, sino niños que sepan cuidarse sin dejar de cuidar.
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En la crianza, muchas veces buscamos que nuestros hijos sean amables, educados y que se lleven bien con los demás. Pero, sin darnos cuenta, podemos estar enseñándoles a complacer a otros a costa de sus propias necesidades.
En este artículo, exploramos algunas situaciones cotidianas que pueden fomentar esta complacencia y cómo podemos abordarlas de manera más consciente.

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