Cómo parar el bullying

A los padres nos inquieta mucho saber que pasa con nuestros hijos en la escuela o en cualquier lugar donde no estemos presentes, ¿tiene amigos? ¿sabe defenderse? ¿se la pasa bien? ¿alguien abusa de él?…. y así tenemos muchas preocupaciones al respecto.

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La realidad es que no podemos estar al lado de nuestros hijos todo el tiempo y no podemos controlar todo lo que sucede en sus vidas. Lo que si podemos hacer es prepararlos para la vida y en esta ocasión nos vamos a enfocar en que podemos hacer para reducir el riesgo de que sean víctimas de bullying o que se conviertan en buleadores.

Creo que importante definir que es el bullying. De acuerdo al Dr. Olweus el bullying es un comportamiento agresivo que involucra acciones no deseadas y negativas, que se hacen con intención, es repetitivo, sucede por  períodos prolongados y siempre existe una diferencia de poderes o de fuerza entre el bully y la víctima. Aunque el trabajo de la escuela es esencial, como padres tenemos una gran responsabilidad que no podemos dejar en manos de ninguna escuela ni de ninguna persona externa a la familia.

La mejor manera de evitar que nuestros hijos sean los que hacen el bullying o sean víctimas de bully, es desarrollando sus habilidades sociales, principalmente la empatía (una persona que entiende como se siente el otro, es difícil que trate de hacerle daño), y como hacer esto:

  • No permita que su hijo obtenga los que quiere usando agresión
  • Modele la empatía (te dejo este video de plaza sesamo explicando la empatía)
  • Reconozca los sentimientos de su hijo (para generar empatía primero hay que aprender a reconocer nuestros propios sentimiento para después poder reconocer los sentimientos de los otros)
  • Enseñe a su hijo a ser asertivo, no agresivo
  • Cuando su hijo le platique algo, escúchelo activamente, no lo juzgue y NO resuelva por él, mejor platíquenlo y entre los dos encuentren una solución (siempre que rescatamos a nuestros hijos, les quitamos la oportunidad de aprender a resolver problemas por sí solos)
  • La casa es el mejor lugar para que el niño pueda practicar que hacer si no lo juntan o lo molestan. Pueden hacer juego de roles, de esta manera el sabrá que hacer cuando usted no esté presente
  • Si nota que la conducta de su hijo a cambiado (se ve triste, o se queja de no querer ir a la escuela, se vuelve muy callado…) acérquese a la escuela  para investigar si está pasando algo
  • Si la escuela lo contacta sea receptivo no reactivo, es mejor trabajar en equipo que negar que algo está sucediendo

Estudios han demostrado que el contar con un buen amigo reduce la probabilidad de ser víctima de bullying en un 90%, ya que no estás solo y tienes a quien contarle las cosas, por eso es importante fomentar las habilidades sociales desde pequeños. Inviten amigos a casa, si van a una fiesta observa como se involucra tu hijo con los demás y si le cuesta trabajo relacionarse ayúdalo (no lo resuelvas por él). Del mismo modo si notas que tu hijo es muy agresivo con los demás, modela su conducta, dale diferentes escenarios de como podría obtener lo que quiere sin necesidad de agredir y ayúdalo a darse cuenta que sentimiento provoca su conducta en el otro (empatía).

Recuerda que es importante darles las bases a nuestros hijos para que puedan lidiar con lo que se les vaya presentando en la vida, hay que acompañarlos y estar presentes pero no resolverles, hay que darles las herramientas para que ellos se vuelvan independientes, a veces nos parte el corazón verlos sufrir pero hay que entender que ese “sufrimiento” los va a ayudar a largo plazo.

Aprendiendo a ser padres.

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¿Cómo prepararnos para el regreso a clases?

Ya falta poco para regresar a clases, muchos papás contamos los días y no porque no queramos a nuestros hijos en casa, simplemente porque queremos regresar a la rutina diaria.

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Pero… ¿te has puesto a pensar que siente tu hijo? En mis años de escuela, asistí al mismo colegio desde el preescolar hasta la prepa y los grupos no cambiaban, siempre te tocaba con los mismos compañeros, y aún así recuerdo que cada que se acercaba la entrada al nuevo ciclo, empezaba a tener pesadillas, me dolía el estómago, no estaba muy segura de que es lo que iba a pasar, y al mismo tiempo estaba emocionada, quería ver a mis amigas, me encantaba comprar los útiles nuevos, en fin,  después de los primeros días todo volvía a la normalidad. Ahora que soy mamá y escucho los comentarios de mi hija sobre el regreso a clases, recuerdo muy bien esa sensación de ansiedad ante el regreso a escuela.

También me toca vivir el lado de la escuela (porque trabajo en una escuela), y puedo ver al que vienen con carita de angustia, al que viene corriendo super emocionado y ni adiós dice a los papás, al que llora porque ve que sus papás lo dejaron, al que habla mucho porque está nervioso y tiene mucho que decir… todos manejan este proceso de diferentes maneras.

Aunque no podemos evitar estos sentimientos, sí podemos ayudarlos a manejarlos de la mejor manera posible y así el momento de dejarlos en la escuela va a ser más fácil para todos.

Para que el regreso a clases sea más fácil:

  1. Regresa a la rutina una o dos semanas antes: que se acuesten temprano, que se levanten temprano, la bañada a la hora que normalmente se hace…
  2. Pueden hacer un cuento para explicarle que es lo que va a pasar: nos vamos a levantar, vamos a cambiarnos, nos subimos al coche, llegando a la escuela vamos a entrar por la puerta y …… (entre más detalle le demos mejor), y si pide que se lo contemos 20 veces quiere decir que lo está procesando y necesita escucharlo. También le podemos decir: “ahora tu cuéntame que es lo que vamos a hacer”.
  3. Valida sus sentimiento, en vez de decir “No va a pasar nada” mejor pregúntale “¿Qué es lo que piensas que va a pasar?, “¿qué podemos hacer para que no te sientas así?”
  4. En ocasiones ayuda que le den un objeto de mamá (un collar, una pulsera) o algo que sea significativo para él para que le ayude a sentirse tranquilo (hay que verificar con la escuela que este permitido).
  5. Tomen su tiempo para que lleguen temprano, si llegan de prisa se van a poner nerviosos y estresados, y esto se lo transmiten al niño.
  6. Hagan las despedidas cortas, entre más alarguen la despedida, más difícil va a ser para los dos.
  7. Lleguen a recogerlo a tiempo, al niño le causa mucha angustia ver que sus compañeros se van  y sus papás no llegan.
  8. Evita decir comentarios como: “No vayas a llorar” o “No te va a pasar nada”, ya que en vez de tranquilizarlos los ponemos más nerviosos.

Si ellos nos ven tranquilos y positivos por la entrada de la escuela, se los vamos a transmitir y se van a sentir con mucha más confianza.

Aprendiendo a ser padres.

¿Ya estás listo para las vacaciones?

Los más nerviosos al escuchar que se acercan las vacaciones somos los padres, porque los niños se vuelven muy inquietos y nosotros no sabemos que hacer con ellos. Muchas veces se vuelven muy inquietos porque no sabe como expresar su inquietud por no saber que es lo que va a suceder. Cuando nos tomamos el tiempo de explicarles a los niños que vamos a estar de vacaciones y los involucramos en la planeación de las actividades que vamos a hacer, ellos cooperan y disfrutan mucho más de este tiempo.

Los niños necesitan rutinas y estructura para sentirse seguros aún en vacaciones. No te ha pasado que todo el tiempo están preguntando: “Y ¿qué vamos a hacer hoy?, es porque sienten ansiedad de no saber que es lo que va a suceder. Como la rutina va a cambiar y tal vez sea diferente todos los días, es importante anticiparnos y platicar con nuestros hijos sobre nuestros planes… o si no hay ningún plan tal vez ellos pueden proponer que hacer. Pueden hacer una junta familiar para hacer lluvia de ideas y ponerse de acuerdo en que va a suceder.

A los papás nos preocupa pensar que nuestros hijos se van a aburrir y van a estar todo el día sin hacer nada, pero no se trata de llenarlos de actividades todo el día, los momentos de ocio son muy importantes para que el niño desarrolle su creatividad, hay que encontrar un balance entre los tiempos libres y las actividades.

Si vas a viajar procura darles un espacio donde se puedan relajar y descansar. Los viajes pueden ser agotadores y el cansancio normalmente se refleja en mal humor y llanto.

Estas son 5 consejos para la época de vacaciones:

  1. Anticipen: platíquenle a sus hijos cuales son los planes del día siguiente, de esta manera se sentirán más seguros de saber que es lo que va a pasar.
  2. Lleven un calendario donde vayan marcando las actividades que ya tienen planeadas.
  3. Alternen actividades divertidas, con las no tan divertidas como llevarlos de compras, recuerden que tenemos prioridades diferentes y estar todo el día de compras no es tan divertido para ellos, traten de balancear las actividades para que sea más fácil para todos.
  4. Den tiempo libres para desarrollar la creatividad del niño.
  5. Si viajas tomen tiempo de descanso y recuperación.

Es un buen momento para disfrutar y conectar con nuestros hijos, hagan actividades que normalmente no se pueden realizar debido a las tareas que tenemos todos los días. Procura limitar el tiempo de ver la tele, o de los video juegos, y permite que tu hijo explore y disfrute el tiempo contigo.

Aprendiendo a ser padres.

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¿Cuántas veces dices NO en un día?

¿Cuántas veces dices “NO” en un día?… no corras, no empujes, no grites, no llores, no te tardes, no hables con la boca llena, no, no, no, no.

¿Alguna vez te haz puesto a pensar lo confuso que es para los niños y para nosotros cuando alguien te dice una de estas frases?, ¿qué quiere decir no pegues?…. hay demasiadas opciones y seguramente más de un niño te puede contestar : “¿y empujar?” . Cuando usamos estas frases el niño no sabe que es lo que nosotros esperamos de él, y seguramente la respuesta que nos den no va a ser la que yo espero que hagan, y claro esto los va a meter en problemas.

Lo que realmente queremos como papás es enseñarles que comportamientos están permitidos y a establecer límites. Para esto necesitamos ser claros y concretos, si lo hacemos de esta manera el niño va a escuchar y a responder mejor.

Por supuesto que van a probar esos límites, y nos van a retar (ellos saben muy bien que botón apretar y en que momento), en estos momentos debemos ser firmes y claros: por ejemplo: En vez de decir “No pegues” puedes decir:”Pegar lastima, PARA en este momento”….. si no para, lo retiro del lugar de donde está. Esto manda un mensaje claro de lo que necesita hacer y establece límites.

Algunas maneras de evitar el NO son:

  • Dándole opciones: en vez de “no juegues con la pelota adentro de la casa” puedes decir “la pelota se usa en el jardín”
  • Dí SI en vez de no: “Sí puedes ver la tele cuando termines la tarea”, en vez de: “No puedes ver la tele hasta que acabes la tarea”.
  • Cuando son pequeños enséñale como hacer las cosas: en vez de decir “no le pegues al perro” puedes decir “mira así es como acariciamos al perro.”

Esto no quiere decir que nunca uses el NO, solo hay que usarlo en los momentos que realmente son necesarios, como cuando tu hijo está en una situación de peligro, de esta manera ellos van a saber que cuando lo usas no hay espacio para negociar: NO es NO.


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¿Porqué mi hijo no me cuenta nada de la escuela?

¿Te suena familiar esta escena?:

Vas por tu hijo a la escuela y esto sucede:
Mamá “¿Cómo te fue en la escuela?
Hijo: “Bien” Mamá: “¿Que hiciste?”
Hijo: “Nada”

….y esto es la rutina de todos los días. Para saber que hace necesitamos preguntar a otros papás porque él/ella no nos dice nada.

En realidad no es que no quieran compartir nada, simplemente es cuestión de personalidad y de interés. Yo tengo dos hijos, uno que no platica nada, con el cual debo ser muy creativa para iniciar la conversación,  y otro que platica sin necesidad de preguntarle nada, solo necesito escuchar.

También me he dado cuenta que muchas veces preguntamos por costumbre o por cumplir y en realidad no estamos esperando más respuesta que el “bien”.

Para lograr que nuestros hijos nos platiquen sobre lo que sucedió en su día necesitamos ser creativos y mostrarnos realmente interesados, en vez de hacer la misma pregunta siempre, podemos usar las siguientes estrategias:

  1. Con los más pequeños jueguen a adivinar que fue lo que no pasó: le pueden decir “cuéntame dos cosas que si hayan pasado hoy y una que no pasó, yo voy a adivinar cual no pasó”, Puede ser que el juego sea muy sencillo para nosotros pero para el niño es algo muy divertido, le ayuda a recordar que hizo durante el día y nos comparte más información.
  2. Al final del día platiquen sobre lo bueno y lo malo del día y cómo se sintieron.  La idea es que todos participen en esta actividad.
  3. Platícales como te fue en tu día y después pídeles que te cuenten algo sobre el suyo.
  4. Cambia a preguntas más abiertas y específicas, en vez de preguntar :¿Cómo te portaste?” puedes preguntar, ¿hoy jugaron a ________ en el recreo?. ¿cuéntame cómo lo hicieron?, que buen dibujo de _______ cuéntame ¿cómo lo hiciste?
  5. Usa los trabajos que llevan a casa para iniciar la conversación: ¿de que se trata este dibujo? ¿qué colores usaste? ¿que aprendiste? ¿qué más hicieron?
  6. Escúchalos con atención. Si el niño empieza a platicar y se da cuenta que no le estamos poniendo atención va a dejar de hacerlo.

Poco a poco se va a crear  una rutina en donde todos los miembros de la familia pueden compartir sus experiencias durante el día y como se sintieron al respecto.

Además vamos a reforzar habilidades sociales básicas de comunicación como poder expresarnos, saber escuchar y respetar lo que los otros tienen que decir.

Aprendiendo a ser padres.

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¿Porqué nadie ayuda en la casa?

Últimamente he estado reflexionando mucho sobre porque nadie ayuda en la casa, la hora de la comida es agradable, nuestra convivencia es muy rica, y por arte de magia cuando toca lavar los platos todos desaparecen. Lo que normalmente sucede es que me quejo, regaño a todos, pero finalmente lo termino haciendo yo, o a veces simplemente lo asumo y lo hago.

A veces es más fácil quejarse y hacerlo, que tomarse el tiempo de involucrar a los demás y permitir que cooperen en las tareas del hogar. Solitos nos justificamos pensando “que me cuesta hacerlo” o pobreteamos a nuestros hijos: “pobre, está cansado”, “pobre, está chiquito”, “pobre, cuando sea grande lo hará”.  Y se nos olvida que no solo se trata de hacernos la vida más fácil o de que alguien más lave los platos porque a mi no me gusta, si no de permitir que mi hijo se haga responsable e independiente.

Diferentes estudios demuestran que los niños que realizan tareas en la casa, se convierten en adultos felices, responsables y cooperadores, en resumen se vuelven adultos exitosos.

No importa si barren o tienden la cama, cuando lo niños realizan tareas dentro de la casa les permite sentirse capaces y los hace sentir que son parte del equipo.

Lo que nos toca como papás es:

  • Involucrarlos desde pequeños
  • Tomarnos el tiempo de enseñarles a hacer las tareas
  • Confiar en ellos (mandarles el mensaje que son capaces de hacerlo)
  • No hacer cosas por ellos que sabemos que pueden hacer solos

El que los niños se involucren en las tareas del hogar le va a permitir desarrollar habilidades importantes que va a necesitar en su vida de adulto, así que en vez de pobretearlos mejor vamos a asignarle tareas de acuerdo a sus edades.

Evita dar recompensas materiales por estas tareas, la intención es que se vuelvan responsables. Si vas a dar una recompensa que sea por un trabajo extra o especial que no sea parte de las tareas que debe cumplir.

Somos padres aprendiendo a ser padres.

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El castigo si sirve, pero las consecuencias a largo plazo no son buenas

Recientemente salió una publicación en facebook de una señora que decidió llevar a su hijo a vender paletas a la calle porque es un “flojo” y no quiere hacer la tarea de matemáticas. Su objetivo, según su publicación, es hacer ver al niño lo que le va a pasar si no estudia y que aprenda a hacer matemáticas. Muy orgullosa de su acción publicó las fotos del niño en su página y el día de hoy se siente sumamente orgullosa porque se volvió viral.

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Me aterra solo pensar en el mensaje que le llego al niño: la persona que más te quiere en el mundo es la persona que tiene el derecho de humillarte y exponerte frente a muchos desconocidos.

Me encantaría poder platicar con el niño (que debe tener no más de 6 años), para saber lo que sintió en el momento, que opina acerca de su mamá y que decisión está tomando a partir de este evento.

Yo sé que la tarea de disciplinar a nuestros hijos no es fácil, y que muchas veces debemos ser muy creativos para lograr nuestro objetivo, pero siempre debemos tener en mente que el ser firme no significa humillar ni castigar. El castigo si sirve pero las consecuencias del castigo no son positivas y sus efectos son a corto plazo. Piensa en algún momento de tu vida en el que te castigaron: ¿qué sentiste? ¿que decisión tomaste?, ¿dejaste de hacerlo?. Yo estoy segura que este pequeño no va a volver a quejarse y si lo vuelve a hacer no va a hacerlo con su mamá, pero no porque sienta una motivación interna, sino porque va a sentir pavor de que su mamá le vuelva a hacer algo así.

Los resultados del castigo son a corto plazo, normalmente en vez de realmente reflexionar en lo que hiciste, te invita a pensar en muchas otras cosas dependiendo de quien eres: a rebelarte y decir a mi no me lo vuelves a hacer; a vengarte por lo que te hicieron sentir o a pensar que te lo mereces porque no eres una buena persona.

Es mucho mejor pensar en como podemos solucionar el problema, en analizar que está pasando con mi hijo, ¿porque antes si lo hacía y ahora no lo hace?, ¿está pasando algo en la escuela?en buscar  maneras con las cuales le podemos mostrar al niño porque es importante aprender matemáticas: nos puede ayudar a hacer el super, puede pagar en la tienda y contar el cambio, puede hacer gráficas de cuantos juguetes tiene, puede cocinar con nosotros y medir los ingredientes…. en fin

Sé que todas nuestras acciones como padres las hacemos por el amor tan grande

que les tenemos y van con buena intención, pero antes de aplicar un castigo pregúntense como se sentirían si ustedes fueran ese pequeño, que les gustaría que hicieran para ayudarlos. La firmeza y la cordialidad siempre deben de ir juntos.

Somos padres aprendiendo a ser padres

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Enséñalo a que espere, es muy importante

Te has dado cuenta que cuando tu hijo te pide algo lo quiere de inmediato. Cuando le pedimos que espere un momento, se enoja y exige. En ocasiones cuando está con otros niños y quiere lo que tiene el amigo, lo arrebata o lo consigue de mala gana (no lo pide, ni propone turnos).

Los avances en la tecnología y el mundo en el que estamos viviendo hoy en día han permitido que nuestros tiempos de espera sean mínimos y esto nos está convirtiendo en adictos a la gratificación inmediata. Podemos conseguir lo que queremos de manera casi inmediata, no tenemos que hacer filas, no tenemos que salir para comprar, no tenemos que esperar una semana para ver el siguiente capítulo de la serie favorita y como estos hay miles de ejemplos.

La gratificación inmediata se basa más en un deseo que en una necesidad: lo quiero ahorita, lo quiero ya, sin demora!, y voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para lograrlo.  El mundo moderno en el que vivimos nos permite conseguir esta gratificación sin tener que esperar y la duración que tiene es tan corta. Todos estos avances nos ayudan de diferentes maneras pero NO nos ayuda a desarrollar la habilidad de esperar, ni de controlar nuestros impulsos. Y junto con esto estamos los papás que con tal de no entrar en conflicto y llevar la fiesta en paz cumplimos los caprichos del niño lo más rápido posible para evitar un berrinche que quien para después.

Nuestros niños están acostumbrados a recibir lo que quieren o necesitan sin necesidad de esperar o sin esfuerzo alguno, lo que provoca que lo valoren poco y que surja el deseo de algo más casi de manera inmediata y cada vez se vuelve más difícil que encuentren satisfacción alguna.

La Importancia de Aprender a Retrasar la Gratificación

En 1960 la Universidad de Stanford hizo un experimento en el que se le daba a un niño un malvavisco y se le decía que tenía dos opciones, se lo podía comer ó podía esperar por  5 minutos y le darían otro. En un seguimiento que se hizo, encontraron que los niños que esperaron para obtener los dos malvaviscos, se desarrollaron como adultos más sociales, con mayor auto-control y con mejor aprovechamiento académico que los que no pudieron esperar.

Una de las habilidades más importantes a desarrollar en nuestros hijos es el auto-control, el control de impulsos, el saber esperar. Está demostrado que las personas que son capaces de retrasar la gratificación, que tienen un buen auto-control,  se convierten en adultos exitosos tanto social como profesionalmente.

Para desarrollar esta habilidad en nuestros hijos primero debemos aprender a controlarnos nosotros, no pasa nada si no les damos lo que quieren de manera inmediata. Si quieren algo, hagan un plan con ellos para conseguirlo,  va a valorar más  porque tuvo que luchar por obtenerlo y lo va a disfrutar más.

Pueden jugar juegos de mesa, donde necesita esperar su turno y donde puede practicar la tolerancia a la frustración, ya que no puede ganar todo el tiempo. No le resuelvas las cosas, deja que lo intente y si no puede, ayúdalo.

No te dejes llevar por el camino fácil, a veces con tal de evitar el problema cedemos ante las exigencias del niño, pero a largo plazo no les va a permitir desarrollar las habilidades necesarias para la vida. Necesitamos encontrar un balance en nuestras respuestas, antes de actuar pregúntate si ¿realmente es algo de vida o muerte?, ¿es tan importante que lo consiga en ese momento?, ¿qué aprendizaje le está dejando?.

Somos padres aprendiendo a ser padres.


Si quieres conocer más sobre el tema, mándame tus comentarios! Estamos por iniciar un nuevo taller.

 

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¿Lo Proteges o lo Rescatas?

A nadie le gusta ver a sus hijos sufrir, cuando esto sucede tomamos las riendas del asunto y ponemos todo en orden con tal de que nuestros hijos estén bien. Siempre actuamos por el amor tan grande que les tenemos….¿acaso no es nuestro rol como padres el proteger a nuestros hijos?.

Pero ¿hasta donde debe llegar esta protección?

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Es importante definir y conocer el balance entre proteger de manera sana a nuestros hijos y rescatarlos.

Podríamos decir que proteger sanamente se refiere a cuidarlos ante un peligro inminente, por ejemplo agarrarlo de la mano para cruzar la calle, o ponerle el cinturón de seguridad antes que arranque el coche, tomarse el tiempo de escucharlo y acompañarlo en sus desiciones.

Rescatar significa hacer todo por él y cumplir con sus demandas para que no sufra, por ejemplo traducir lo que quiere decir, vestirlo sabiendo que se puede vestir solo, regañar a otro niño o a la mamá del otro niño porque le dijeron o le hicieron algo, comprarle el juguete que quiere para que no llore, cargar su mochila, buscar todo lo que perdió en la escuela (la lista podría seguir y seguir)…. y todo en nombre del amor que le tenemos.

Cada vez que hacemos algo por nuestro hijo que él es capaz de hacer, estamos mandando un mensaje de “tú no eres capaz”, y luego nos quejamos porque no pueden hacer nada solo.

Si queremos que nuestros hijos sean adultos responsables e independientes, debemos empezar desde pequeños a:

  • Dejar que exploren sus propias consecuencias: si el decidió no hacer la tarea, hay que dejarlo que explore que pasa.
  • En vez de decirle que hacer, enseñarlo como hacerlo: enséñale como hacer las cosas antes de exigirle que las haga (bañarse, vestirse, hacer la cama…)
  • Involucrarlo en las tareas de la casa: que tienda su cama, que recoja su plato de la mesa, que ayude con el perro, que se vista, que se bañe.
  • Acompañarlo y ofrecer nuestra ayuda cuando él lo requiera: “te puedo sugerir algo” y él decidirá si lo quiere intentar o no.
  • No hacer nuestras propias conclusiones, primero hay que escucharlos.
  • Creer en ellos, ten confianza en que puede resolver las cosas sin ti.

 

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No todos los berrinches se deben ignorar

Cuando mis hijos eran pequeños me aconsejaron varias veces que ignorara sus berrinches, porque si les hacía caso entonces ellos iban a salirse con la suya. La realidad es que no siempre se sentía adecuado ignorarlos, por lo que nunca seguí el consejo al pie de la letra.

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Varios años después (no muchos) me encuentro con el libro del Dr. Daniel Siegel “The Whole Brain Child” (el cual se los recomiendo)y leo una explicación muy interesante acerca de los berrinches, la cual  me hace mucho sentido.  Antes de entrar en esta explicación es importante saber  como funciona nuestro cerebro, El Dr, Siegel nos dice que lo podemos ver como si fuera una casa de dos pisos, el piso de abajo es como nuestro cerebro primitivo, el cual cubre nuestras necesidades básicas (comer, respirar, estar alerta al peligro) y el piso de arriba es más complejo y representa la parte racional (pensar, tomar desiciones, resolución de problemas…). Hay que tomar en cuenta que cuando nacemos, el cerebro primitivo  ya está desarrollado y el cerebro racional termina de desarrollarse a los 25 años aproximadamente.

Regresando a los berrinches, existen dos tipos: los que vienen del cerebro racional y los que vienen del cerebro primitivo. Los primeros son los que debemos “ignorar” (o más que ignorar a no ceder ante ellos) y son con los que necesitamos ser firmes y poner límites, pues el niño/a los usa como manipulación, sabe bien lo que está haciendo y si no le funciona lo va a dejar de hacer; por ejemplo cuando vamos a la tienda y empieza a hacer un berrinche para que le compremos un juguete y usa argumentos como: “Lo necesito, lo he estado buscando desde hace mucho, es el único que queda….” y muchas veces con tal de que no nos haga pasar ese momento tan incómodo en la tienda terminamos por ceder. Como dice el Dr. Siegel “nunca negocies con un terrorista”, si el niño hace berrinches usando el cerebro racional y nosotros accedemos, aprende que esta es la manera de obtener lo que el quiere, por lo que nuestra respuesta debe ser firme y cordial: te quiero mucho y la respuesta es no.

Por el otro lado, cuando el berrinche viene desde el cerebro primitivo, el niño literalmente no está pensando, no sirve de nada amenazarlo o gritarle porque su cerebro racional está apagado, necesitamos sacarlo del estado en el que está para que vuelva a conectar con su cerebro racional y una vez que lo logremos entonces podemos platicar con él y ayudarlo a resolver lo que sea que causo el berrinche. En un niño pequeño la mejor manera de sacarlo de ahí es con un abrazo, moviéndolo físicamente de donde está (con respeto, no con jalones) y re-direccionando su atención a otra cosa (“mira el pajarito”). En un niño más grande, si acepta que nos acerquemos podemos hacerlo, debemos darle tiempo para que se tranquilice y va a depender mucho de nuestra respuesta si podemos lograr que conecte con el cerebro de arriba o  hacemos que el berrinche escale, aquí un ejemplo: Si se enoja a la hora de la comida, se para y se va,  puedo acercarme y reconocer sus sentimientos, si veo que responde puedo continuar con una platica respetuosa (con la idea de apoyarlo a que podamos buscar una solución y sin que me sienta como una amenaza), puedo empezar diciendo: veo que estás enojado, ¿quieres que platiquemos sobre lo que pasó?, si veo que no está listo puedo decir, aquí estoy para cuando quieras platicar (en un tono de interés sincero no de amenaza o enojo), la idea es que el sepa que cuenta con nosotros en las buenas y sobre todo en las malas, que tiene nuestro amor incondicional, una vez que logre tranquilizarse podemos platicar con él.

La otra respuesta (no positiva) sería: “¡a mi no me haces esas caras, te sientas a comer y te callas!”, está reacción va directo al cerebro primitivo y lo único que vamos a conseguir es que se enoje más, que nos rete y que terminemos gritando y enojados, no va a solucionar nada y lo único es que el berrinche va a escalar y yo voy a acabar igual que él.

Si logramos diferenciar desde donde viene el berrinche y no nos enganchamos (cosa que se dice fácil pero en realidad es muy difícil) vamos a lograr conectar con el cerebro de arriba y podemos a ayudar a que el cerebro racional de nuestro hijo continúe desarrollándose y adquiriendo las habilidades necesarias para auto-controlarse y resolver problemas.

En resumen, si tu hijo está haciendo berrinche para manipular y conseguir lo que quiere,  (que le compres algo, que le des un permiso) no cedas, déjale claro que lo quieres mucho pero la respuesta es no.

Si el berrinche viene del cerebro primitivo, ayúdalo a controlarlo, no lo ignores, abrázalo, cambia de actividad o permite que se retire para que se tranquilice (puede tener un espacio especial en su cuarto o hacer alguna actividad física), una vez tranquilo, si se necesita dale seguimiento.

Somos padres aprendiendo  a ser padres.

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