¿Cuántas veces dices NO en un día?

¿Cuántas veces dices “NO” en un día?… no corras, no empujes, no grites, no llores, no te tardes, no hables con la boca llena, no, no, no, no.

¿Alguna vez te haz puesto a pensar lo confuso que es para los niños y para nosotros cuando alguien te dice una de estas frases?, ¿qué quiere decir no pegues?…. hay demasiadas opciones y seguramente más de un niño te puede contestar : “¿y empujar se puede?” . Cuando usamos estas frases el niño no sabe que es lo que nosotros esperamos de él, y seguramente la respuesta que recibamos no va a ser la que esperamos que hagan, y claro esto los va a meter en problemas.

Lo que realmente queremos como papás es enseñarles que comportamientos están permitidos y a establecer límites. Para esto necesitamos ser claros y concretos, si lo hacemos de esta manera el niño va a escuchar y a responder mejor.

Por supuesto que van a probar estos límites, y nos van a retar (ellos saben muy bien que botón apretar y en que momento), en estos momentos debemos ser firmes y claros: por ejemplo: En vez de decir “No pegues” puedes decir:”Pegar lastima, PARA en este momento”….. si no para, lo retiro del lugar de donde está. Esto manda un mensaje claro de lo que necesita hacer y establece límites.

Algunas maneras de evitar el NO son:

  • Dándole opciones: en vez de “no juegues con la pelota adentro de la casa” puedes decir “la pelota se usa en el jardín”
  • Dí SI en vez de no: “Sí puedes ver la tele cuando termines la tarea”, en vez de: “No puedes ver la tele hasta que acabes la tarea”.
  • Cuando son pequeños enséñale como hacer las cosas: en vez de decir “no le pegues al perro” puedes decir “mira así es como acariciamos al perro.”

Esto no quiere decir que nunca uses el NO, la idea es tratar de reducirlo lo más posible (a veces sale sin pensar), trata de usarlo en los momentos que realmente son necesarios, como cuando tu hijo está en una situación de peligro, de esta manera ellos van a saber que cuando lo usas no hay espacio para negociar: NO es NO.


Aprendiendo a ser padres.

¡Mi hijo no escucha!

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Una de las quejas más comunes que tenemos los padres es que nuestros hijos no escuchan… y será que ¿no escucha o  no obedecen?. Muchas veces el niño si escucha pero no hace lo que le pedimos que haga, o solo lo hace después de haberle repetido las cosas “mil veces” y pegar un grito, lo cual nos hace pensar que no nos escucha hasta que no gritamos.

Como dato curioso, hace un par de años realizamos, en el kinder donde trabajo, un tamiz auditivo para detectar pérdidas auditivas, 90% de los papás autorizaron el estudio pues estaban seguros que sus hijos no escuchaban y la realidad fue que solo un 2% no escuchaba por causa de una infección en los oídos, todos los demás escuchaban perfecto.

La realidad es que el niño tiene intereses y prioridades muy diferentes a los que tenemos los adultos, y una de las malas costumbres que tenemos los adultos cuando le hablamos a los niños es esperar que respondan como un adulto. El niño no le ve la importancia a tener el cuarto recogido, ni a meterse a bañar cuando se lo pedimos y a nosotros los adultos se nos olvida que alguna vez fuimos niños y lo único que queríamos era jugar y divertirnos.

Cuando pedimos las cosas, lo acompañamos de un sermón educativo que provoca que el niño se desconecte y no escuche lo que le estamos pidiendo, los períodos de atención de los niños son cortos y cuando no existe algo que les llama la atención se vuelven más cortos, por lo que es necesario que seamos más directos y concretos.

También repetimos las cosas demasiadas veces antes de pegar el grito y actuar, el niño se acostumbra a este tipo de acciones, aprende que hasta que no escucha el grito no es necesario hacer nada porque nada va a pasar.

Para que tu hijo te escuche:

  • Haz contacto físico y ojo-ojo para asegurarte que te está escuchando
  • Dí las cosas una vez y si no responde actúa
  • Se concreto y directo, usa la menor cantidad de palabras posibles
  • Involúcralo
  • Apóyate de las rutinas
  • No olvides que son niños, usa el sentido del humor
  • Escúchalo

Nosotros somos el modelo a seguir y en muchas ocasiones cuando nuestros hijos nos están platicando, no los escuchamos, hacemos muchas actividades al mismo tiempo, estamos revisando el celular o haciendo alguna tarea de la casa y no estamos prestando atención. Dedíquenle el tiempo para escucharlos, para que escuche y necesita sentirse escuchado.

Aprendiendo a ser padres.

¿Porqué mi hijo no me cuenta nada de la escuela?

¿Te suena familiar esta escena?:

Vas por tu hijo a la escuela y esto sucede:
Mamá “¿Cómo te fue en la escuela?
Hijo: “Bien” Mamá: “¿Que hiciste?”
Hijo: “Nada”

….y esto es la rutina de todos los días. Para saber que hace necesitamos preguntar a otros papás porque él/ella no nos dice nada.

En realidad no es que no quieran compartir nada, simplemente es cuestión de personalidad y de interés. Yo tengo dos hijos, uno que no platica nada, con el cual debo ser muy creativa para iniciar la conversación,  y otro que platica sin necesidad de preguntarle nada, solo necesito escuchar.

También me he dado cuenta que muchas veces preguntamos por costumbre o por cumplir y en realidad no estamos esperando más respuesta que el “bien”.

Para lograr que nuestros hijos nos platiquen sobre lo que sucedió en su día necesitamos ser creativos y mostrarnos realmente interesados, en vez de hacer la misma pregunta siempre, podemos usar las siguientes estrategias:

  1. Con los más pequeños jueguen a adivinar que fue lo que no pasó: le pueden decir “cuéntame dos cosas que si hayan pasado hoy y una que no pasó, yo voy a adivinar cual no pasó”, Puede ser que el juego sea muy sencillo para nosotros pero para el niño es algo muy divertido, le ayuda a recordar que hizo durante el día y nos comparte más información.
  2. Al final del día platiquen sobre lo bueno y lo malo del día y cómo se sintieron.  La idea es que todos participen en esta actividad.
  3. Platícales como te fue en tu día y después pídeles que te cuenten algo sobre el suyo.
  4. Cambia a preguntas más abiertas y específicas, en vez de preguntar :¿Cómo te portaste?” puedes preguntar, ¿hoy jugaron a ________ en el recreo?. ¿cuéntame cómo lo hicieron?, que buen dibujo de _______ cuéntame ¿cómo lo hiciste?
  5. Usa los trabajos que llevan a casa para iniciar la conversación: ¿de que se trata este dibujo? ¿qué colores usaste? ¿que aprendiste? ¿qué más hicieron?
  6. Escúchalos con atención. Si el niño empieza a platicar y se da cuenta que no le estamos poniendo atención va a dejar de hacerlo.

Poco a poco se va a crear  una rutina en donde todos los miembros de la familia pueden compartir sus experiencias durante el día y como se sintieron al respecto.

Además vamos a reforzar habilidades sociales básicas de comunicación como poder expresarnos, saber escuchar y respetar lo que los otros tienen que decir.

Aprendiendo a ser padres.

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La adolescencia llego a casa

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Cuando menos lo esperemos nos damos cuenta que ya tenemos a un adolescente en casa. Notamos que ese pequeño que me escuchaba, que me pedía que jugara con él y que le gustaba acompañarme a cualquier lado, ya no quiere estar conmigo, le gusta encerrarse en su cuarto y cuando le hablo no me hace caso…. como papá me entra la duda si mi pequeño ya no me quiere.

La adolescencia es una etapa de cambios físicos y emocionales importantes, donde el niño se está convirtiendo en adulto y para lograr esta transformación necesita descubrir quien es, y para poder saber quien es debe pasar por un proceso de individualización. Como padres vemos este proceso como un acto de rebeldía, pero en realidad es un camino hacia la independencia, habría que preocuparse si el adolescente no se rebela de sus padres. El está empezando a cuestionar los valores, los límites, las creencias familiares con el fin de poder encontrar su propio camino.

Un error muy común que cometemos los padres es tomarnos toda la conducta de nuestro hijo de manera personal. En realidad sus prioridades han cambiado, él/ella está pensando en que se va a poner para la fiesta, si tiene dinero para salir con los amigos, si su celular tiene suficiente pila para no perder ningún detalle de su vida social, y normalmente no piensa en que pensamos sus papás, o como nos sentimos cuando hace estas cosas.

Aquí unos consejos de disciplina positiva para apoyar a nuestros hijos en esta etapa y lograr establecer una buena relación con ellos:

  • No tomes la conducta de tus hijos como algo personal
  • Se firme y cordial al mismo tiempo (la libertad lleva responsabilidad)
  • Toma los errores como oportunidades para aprender
  • Entra al mundo de tu hijo adolescente (recuerda cuando eras adolescente, que sentías, que pensabas, que hacías)
  • Respeta la privacidad de tu hijo (hay que confiar en ellos, las bases y los valores ya los tienen pero es importante que descubran y se vuelvan independientes de nosotros)
  • Habla CON el adolescente, no hables POR el adolescente.
  • Muéstrale amor incondicional

Somos padres aprendiendo a ser padres

El amor no está peleado con los límites

Desde el momento que nos enteramos que vamos a ser padres, nuestras emociones se hacen presentes y el sentimiento que predomina en todo momento es un amor que nunca imaginamos sentir.

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La mayoría de las cosas que hacemos por nuestros hijos están basadas en ese amor tan grande que les tenemos, el problema es que ese amor muchas veces nos pone una venda en los ojos y nos hace hacer cosas que en vez de ayudar a nuestros hijos los perjudica.

Uno de los errores más grandes que cometemos es rescatarlos de cualquier situación que a nuestro parecer les pueda provocar sufrimiento, tristeza, enojo…. Se nos apachurra el corazón verlos sufrir, así que mejor les evitamos esta pena y lo resolvemos para que ellos estén bien.

Cuando actuamos de esta manera nos volvemos en padres permisivos, dejamos que hagan lo que sea para que se sientan bien y sean felices, que disfruten de la vida, ahora que son pequeños. Lo que no pensamos es que al dejarlos hacer lo que sea les provocamos inseguridad y los volvemos dependientes y complacientes de nosotros. Cuando en realidad lo que nuestros hijos necesitan para convertirse en esas personas que soñamos que sean es: amor y límites.

Y aquí otra mala interpretación que hacemos, pensamos que poner límites significa ser estrictos y cerrados, y si nuestros hijos se dan cuenta que estoy dando alguna concesión me van a notar un poco débil y van a abusar de mi, así que mejor me vuelvo autoritario.

En realidad los límites no están peleados con el amor. Puedo ser un padre firme y amoroso al mismo tiempo. Es un concepto que se escucha fácil pero en realidad es difícil llevarlo a cabo, se requiere de mucha práctica.

Por el momento una de las maneras de empezar a practicar es hablar menos y actuar más, en vez de decirle a nuestros hijos 10 veces lo mismo hasta que pegamos el grito, podemos decirlo una vez y actuar. (ej: en vez de decir “ya te dije que apague la tele” 20 veces; digo: “es hora de apagar la tele” y apagamos la tele). La realidad es que todo el sermón que decimos nuestros hijos no lo escuchas y simplemente se acostumbran a que solo hablamos y hablamos pero no actuamos. Siempre es recomendable elegir solo una acción y practicar hasta dominarla y una vez dominada elegir otra diferente.

Al ser padres firmes y amorosos al mismo tiempo, el resultado va a ser niños exitosos.

Aprendiendo a ser padres.

 

 


Si quieres saber más sobre el tema, te invitamos al taller “Educando con Firmeza y Amor”, para más información mándanos un mensaje.

 

Por qué y para qué los actos de bondad

Vivimos en un mundo muy ocupado, donde todos los días escuchamos noticias negativas y donde, por seguridad, nos hemos vuelto más cerrados y estamos a la defensiva, pero quien no quiere vivir mejor, sentirse mejor, tener un mundo mejor.

Claro que no vamos a cambiar el mundo solos, pero con pequeños actos de bondad podemos generar grandes cambios. Realizando estos actos podemos promover la paz, el respeto hacia los demás, podemos hacer sentir bien a otras personas y cuando alguien se siente bien es raro que quiera hacer mal.

No hay que subestimar estos actos, la realidad es que son muy poderosos y pueden generar un gran cambio en una o varias persona, y estas a su vez van a generar el cambio en más personas. La idea es sembrar esta semilla que va a desencadenar en muchos actos que van a lograr un gran cambio en las personas. Puedes sumar a más personas, empezando con tu familia, recuerda que la mejor manera de enseñar a nuestros hijos es con el ejemplo.

Los actos de bondad son esenciales para nuestro bienestar y para desarrollar la empatía, nos ayudan a dejar de ser egoístas y solo pensar en nosotros. Son actos que se dan sin esperar nada cambio, la recompensa es el saber que ayudaste a alguien más. 

No necesitas pensarlo mucho,  las cosas más sencillas tienen un gran impacto y pueden hacer una gran diferencia… detener la puerta para que alguien pase, dar las gracias, sonreír, ayudar a una persona que lo necesita…

Te invitamos a seguir nuestro calendario en @dicereparapapas donde podrás encontrar más ideas.

Recuerda que son actos que se pueden realizar en cualquier época del año, ¡tú puedes hacer la diferencia! Invita a tu familia a involucrarse contigo.

Aprendiendo a ser padres.

Mamá necesita 5 minutos

En muchas ocasiones nos sentimos agobiadas y cansadas por todo el trabajo que necesitamos realizar en casa, pero al mismo tiempo sentimos una gran recompensa por saber que tenemos todo bajo control y que sin nosotras la casa no funciona.

A veces nos quejamos porque tenemos tanto que hacer, que apenas y nos damos tiempo para nosotras.

Es cierto que siente bien saber que nos necesitan, pero la realidad es que no nos necesitan para muchas cosas, y aún así las seguimos haciendo por ellos.  Cuando hacemos algo por nuestros hijos que ellos son capaces de hacer, les quitamos la oportunidad de que se vuelvan independientes, les mandamos un mensaje que dice:  “tú no puedes, yo lo hago por ti”. 

No podemos olvidar que estamos criando a nuestros hijos para convertirse en adultos independientes, y tampoco podemos olvidar que un día se van a ir (porque se tienen que ir) y lo ideal es que cuando se vayan, vayan bien equipados.

La independencia se va desarrollando poco a poco, no es como que un día van a despertar sabiendo ser independientes y responsables. Necesitamos empezar a educarlos desde pequeños para que poco a poco y de acuerdo a su edad vayan desarrollando estas habilidades.

Pasos para enseñar una tarea nueva

Tómate el tiempo para enseñarle una tarea (tender la cama, vestirse, bañarse…), después háganlo juntos (con muy poca ayuda de tu parte)  y una vez que lo logre deja que lo haga solo/a. Entre más independientes los hagamos, más tiempo vamos a tener para nosotras.

Esto no significa que nos ausentemos y los dejemos solos todo el tiempo, lo que queremos es que sean personas independientes, autosuficientes y poder acompañarlos y celebrar todos los logros que vayan teniendo. Y al mismo tiempo no podemos dejar de pensar en lo importante que es cuidarnos a nosotras, tomarnos esos 5 minutos (o más) para poder sentirnos realizadas. No olvides que un día se van a ir y  tu vida tiene que seguir.

Aprendiendo a Ser Padres

Dícere para papás

¿Porqué nadie ayuda en la casa?

Últimamente he estado reflexionando mucho sobre porque nadie ayuda en la casa, la hora de la comida es agradable, nuestra convivencia es muy rica, y por arte de magia cuando toca lavar los platos todos desaparecen. Lo que normalmente sucede es que me quejo, regaño a todos, pero finalmente lo termino haciendo yo, o a veces simplemente lo asumo y lo hago.

A veces es más fácil quejarse y hacerlo, que tomarse el tiempo de involucrar a los demás y permitir que cooperen en las tareas del hogar. Solitos nos justificamos pensando “que me cuesta hacerlo” o pobreteamos a nuestros hijos: “pobre, está cansado”, “pobre, está chiquito”, “pobre, cuando sea grande lo hará”.  Y se nos olvida que no solo se trata de hacernos la vida más fácil o de que alguien más lave los platos porque a mi no me gusta, si no de permitir que mi hijo se haga responsable e independiente.

Diferentes estudios demuestran que los niños que realizan tareas en la casa, se convierten en adultos felices, responsables y cooperadores, en resumen se vuelven adultos exitosos.

No importa si barren o tienden la cama, cuando lo niños realizan tareas dentro de la casa les permite sentirse capaces y los hace sentir que son parte del equipo.

Lo que nos toca como papás es:

  • Involucrarlos desde pequeños
  • Tomarnos el tiempo de enseñarles a hacer las tareas
  • Confiar en ellos (mandarles el mensaje que son capaces de hacerlo)
  • No hacer cosas por ellos que sabemos que pueden hacer solos

El que los niños se involucren en las tareas del hogar le va a permitir desarrollar habilidades importantes que va a necesitar en su vida de adulto, así que en vez de pobretearlos mejor vamos a asignarle tareas de acuerdo a sus edades.

Evita dar recompensas materiales por estas tareas, la intención es que se vuelvan responsables. Si vas a dar una recompensa que sea por un trabajo extra o especial que no sea parte de las tareas que debe cumplir.

Somos padres aprendiendo a ser padres.

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El castigo si sirve, pero las consecuencias a largo plazo no son buenas

Recientemente salió una publicación en facebook de una señora que decidió llevar a su hijo a vender paletas a la calle porque es un “flojo” y no quiere hacer la tarea de matemáticas. Su objetivo, según su publicación, es hacer ver al niño lo que le va a pasar si no estudia y que aprenda a hacer matemáticas. Muy orgullosa de su acción publicó las fotos del niño en su página y el día de hoy se siente sumamente orgullosa porque se volvió viral.

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Me aterra solo pensar en el mensaje que le llego al niño: la persona que más te quiere en el mundo es la persona que tiene el derecho de humillarte y exponerte frente a muchos desconocidos.

Me encantaría poder platicar con el niño (que debe tener no más de 6 años), para saber lo que sintió en el momento, que opina acerca de su mamá y que decisión está tomando a partir de este evento.

Yo sé que la tarea de disciplinar a nuestros hijos no es fácil, y que muchas veces debemos ser muy creativos para lograr nuestro objetivo, pero siempre debemos tener en mente que el ser firme no significa humillar ni castigar. El castigo si sirve pero las consecuencias del castigo no son positivas y sus efectos son a corto plazo. Piensa en algún momento de tu vida en el que te castigaron: ¿qué sentiste? ¿que decisión tomaste?, ¿dejaste de hacerlo?. Yo estoy segura que este pequeño no va a volver a quejarse y si lo vuelve a hacer no va a hacerlo con su mamá, pero no porque sienta una motivación interna, sino porque va a sentir pavor de que su mamá le vuelva a hacer algo así.

Los resultados del castigo son a corto plazo, normalmente en vez de realmente reflexionar en lo que hiciste, te invita a pensar en muchas otras cosas dependiendo de quien eres: a rebelarte y decir a mi no me lo vuelves a hacer; a vengarte por lo que te hicieron sentir o a pensar que te lo mereces porque no eres una buena persona.

Es mucho mejor pensar en como podemos solucionar el problema, en analizar que está pasando con mi hijo, ¿porque antes si lo hacía y ahora no lo hace?, ¿está pasando algo en la escuela?en buscar  maneras con las cuales le podemos mostrar al niño porque es importante aprender matemáticas: nos puede ayudar a hacer el super, puede pagar en la tienda y contar el cambio, puede hacer gráficas de cuantos juguetes tiene, puede cocinar con nosotros y medir los ingredientes…. en fin

Sé que todas nuestras acciones como padres las hacemos por el amor tan grande

que les tenemos y van con buena intención, pero antes de aplicar un castigo pregúntense como se sentirían si ustedes fueran ese pequeño, que les gustaría que hicieran para ayudarlos. La firmeza y la cordialidad siempre deben de ir juntos.

Somos padres aprendiendo a ser padres

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Si quieres que se convierta en un adulto exitoso enséñalo a esperar.

Te has dado cuenta que cuando tu hijo te pide algo lo quiere de inmediato. Cuando le pedimos que espere un momento, se enoja y exige. En ocasiones cuando está con otros niños y quiere lo que tiene el amigo, lo arrebata o lo consigue de mala gana (no lo pide, ni propone turnos).

Los avances en la tecnología y el mundo en el que estamos viviendo hoy en día han permitido que nuestros tiempos de espera sean mínimos y esto nos está convirtiendo en adictos a la gratificación inmediata. Podemos conseguir lo que queremos de manera casi inmediata, no tenemos que hacer filas, no tenemos que salir para comprar, no tenemos que esperar una semana para ver el siguiente capítulo de la serie favorita y como estos hay miles de ejemplos.

La gratificación inmediata se basa más en un deseo que en una necesidad: lo quiero ahorita, lo quiero ya, sin demora!, y voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para lograrlo.  El mundo moderno en el que vivimos nos permite conseguir esta gratificación sin tener que esperar y la duración que tiene es tan corta. Todos estos avances nos ayudan de diferentes maneras pero NO nos ayuda a desarrollar la habilidad de esperar, ni de controlar nuestros impulsos. Y junto con esto estamos los papás que con tal de no entrar en conflicto y llevar la fiesta en paz cumplimos los caprichos del niño lo más rápido posible para evitar un berrinche que quien para después.

Nuestros niños están acostumbrados a recibir lo que quieren o necesitan sin necesidad de esperar o sin esfuerzo alguno, lo que provoca que lo valoren poco y que surja el deseo de algo más casi de manera inmediata y cada vez se vuelve más difícil que encuentren satisfacción alguna.

La Importancia de Aprender a Retrasar la Gratificación

En 1960 la Universidad de Stanford hizo un experimento en el que se le daba a un niño un malvavisco y se le decía que tenía dos opciones, se lo podía comer ó podía esperar por  5 minutos y le darían otro. En un seguimiento que se hizo, encontraron que los niños que esperaron para obtener los dos malvaviscos, se desarrollaron como adultos más sociales, con mayor auto-control y con mejor aprovechamiento académico que los que no pudieron esperar.

Una de las habilidades más importantes a desarrollar en nuestros hijos es el auto-control, el control de impulsos, el saber esperar. Está demostrado que las personas que son capaces de retrasar la gratificación, que tienen un buen auto-control,  se convierten en adultos exitosos tanto social como profesionalmente.

Para desarrollar esta habilidad en nuestros hijos primero debemos aprender a controlarnos nosotros, no pasa nada si no les damos lo que quieren de manera inmediata. Si quieren algo, hagan un plan con ellos para conseguirlo,  va a valorar más  porque tuvo que luchar por obtenerlo y lo va a disfrutar más.

Pueden jugar juegos de mesa, donde necesita esperar su turno y donde puede practicar la tolerancia a la frustración, ya que no puede ganar todo el tiempo. No le resuelvas las cosas, deja que lo intente y si no puede, ayúdalo.

No te dejes llevar por el camino fácil, a veces con tal de evitar el problema cedemos ante las exigencias del niño, pero a largo plazo no les va a permitir desarrollar las habilidades necesarias para la vida. Necesitamos encontrar un balance en nuestras respuestas, antes de actuar pregúntate si ¿realmente es algo de vida o muerte?, ¿es tan importante que lo consiga en ese momento?, ¿qué aprendizaje le está dejando?.

Somos padres aprendiendo a ser padres.


Si quieres conocer más sobre el tema, mándame tus comentarios! Estamos por iniciar un nuevo taller.

 

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