¿Porqué mi hijo no me cuenta nada?

¿Te suena familiar esta escena?:

Vas por tu hijo a la escuela y esto sucede:
Mamá “¿Cómo te fue en la escuela?
Hijo: “Bien” Mamá: “¿Que hiciste?”
Hijo: “Nada”

….y esto es la rutina de todos los días. Para saber que hace necesitamos preguntar a otros papás porque él/ella no nos dice nada.

En realidad no es que no quieran compartir nada, simplemente es cuestión de personalidad y de interés. Yo tengo dos hijos, uno que no platica nada, con el cual debo ser muy creativa para iniciar la conversación,  y otro que platica sin necesidad de preguntarle nada, solo necesito escuchar.

También me he dado cuenta que muchas veces preguntamos por costumbre o por cumplir y en realidad no estamos esperando más respuesta que el “bien”.

Para lograr que nuestros hijos nos platiquen sobre lo que sucedió en su día necesitamos ser creativos y mostrarnos realmente interesados, en vez de hacer la misma pregunta siempre, podemos usar las siguientes estrategias:

  1. Con los más pequeños jueguen a adivinar que fue lo que no pasó: le pueden decir “cuéntame dos cosas que si hayan pasado hoy y una que no pasó, yo voy a adivinar cual no pasó”, Puede ser que el juego sea muy sencillo para nosotros pero para el niño es algo muy divertido, le ayuda a recordar que hizo durante el día y nos comparte más información.
  2. Al final del día platiquen sobre lo bueno y lo malo del día y cómo se sintieron.  La idea es que todos participen en esta actividad.
  3. Platícales como te fue en tu día y después pídeles que te cuenten algo sobre el suyo.
  4. Cambia a preguntas más abiertas y específicas, en vez de preguntar :¿Cómo te portaste?” puedes preguntar, ¿hoy jugaron a ________ en el recreo?. ¿cuéntame cómo lo hicieron?, que buen dibujo de _______ cuéntame ¿cómo lo hiciste?
  5. Usa los trabajos que llevan a casa para iniciar la conversación: ¿de que se trata este dibujo? ¿qué colores usaste? ¿que aprendiste? ¿qué más hicieron?
  6. Escúchalos con atención. Si el niño empieza a platicar y se da cuenta que no le estamos poniendo atención va a dejar de hacerlo.

Poco a poco se va a crear  una rutina en donde todos los miembros de la familia pueden compartir sus experiencias durante el día y como se sintieron al respecto.

Además vamos a reforzar habilidades sociales básicas de comunicación como poder expresarnos, saber escuchar y respetar lo que los otros tienen que decir.

Aprendiendo a ser padres.

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No todos los berrinches se deben ignorar

Cuando mis hijos eran pequeños me aconsejaron varias veces que ignorara sus berrinches, porque si les hacía caso entonces ellos iban a salirse con la suya. La realidad es que no siempre se sentía adecuado ignorarlos, por lo que nunca seguí el consejo al pie de la letra.

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Varios años después (no muchos) me encuentro con el libro del Dr. Daniel Siegel “The Whole Brain Child” (el cual se los recomiendo)y leo una explicación muy interesante acerca de los berrinches, la cual  me hace mucho sentido.  Antes de entrar en esta explicación es importante saber  como funciona nuestro cerebro, El Dr, Siegel nos dice que lo podemos ver como si fuera una casa de dos pisos, el piso de abajo es como nuestro cerebro primitivo, el cual cubre nuestras necesidades básicas (comer, respirar, estar alerta al peligro) y el piso de arriba es más complejo y representa la parte racional (pensar, tomar desiciones, resolución de problemas…). Hay que tomar en cuenta que cuando nacemos, el cerebro primitivo  ya está desarrollado y el cerebro racional termina de desarrollarse a los 25 años aproximadamente.

Regresando a los berrinches, existen dos tipos: los que vienen del cerebro racional y los que vienen del cerebro primitivo. Los primeros son los que debemos “ignorar” (o más que ignorar a no ceder ante ellos) y son con los que necesitamos ser firmes y poner límites, pues el niño/a los usa como manipulación, sabe bien lo que está haciendo y si no le funciona lo va a dejar de hacer; por ejemplo cuando vamos a la tienda y empieza a hacer un berrinche para que le compremos un juguete y usa argumentos como: “Lo necesito, lo he estado buscando desde hace mucho, es el único que queda….” y muchas veces con tal de que no nos haga pasar ese momento tan incómodo en la tienda terminamos por ceder. Como dice el Dr. Siegel “nunca negocies con un terrorista”, si el niño hace berrinches usando el cerebro racional y nosotros accedemos, aprende que esta es la manera de obtener lo que el quiere, por lo que nuestra respuesta debe ser firme y cordial: te quiero mucho y la respuesta es no.

Por el otro lado, cuando el berrinche viene desde el cerebro primitivo, el niño literalmente no está pensando, no sirve de nada amenazarlo o gritarle porque su cerebro racional está apagado, necesitamos sacarlo del estado en el que está para que vuelva a conectar con su cerebro racional y una vez que lo logremos entonces podemos platicar con él y ayudarlo a resolver lo que sea que causo el berrinche. En un niño pequeño la mejor manera de sacarlo de ahí es con un abrazo, moviéndolo físicamente de donde está (con respeto, no con jalones) y re-direccionando su atención a otra cosa (“mira el pajarito”). En un niño más grande, si acepta que nos acerquemos podemos hacerlo, debemos darle tiempo para que se tranquilice y va a depender mucho de nuestra respuesta si podemos lograr que conecte con el cerebro de arriba o  hacemos que el berrinche escale, aquí un ejemplo: Si se enoja a la hora de la comida, se para y se va,  puedo acercarme y reconocer sus sentimientos, si veo que responde puedo continuar con una platica respetuosa (con la idea de apoyarlo a que podamos buscar una solución y sin que me sienta como una amenaza), puedo empezar diciendo: veo que estás enojado, ¿quieres que platiquemos sobre lo que pasó?, si veo que no está listo puedo decir, aquí estoy para cuando quieras platicar (en un tono de interés sincero no de amenaza o enojo), la idea es que el sepa que cuenta con nosotros en las buenas y sobre todo en las malas, que tiene nuestro amor incondicional, una vez que logre tranquilizarse podemos platicar con él.

La otra respuesta (no positiva) sería: “¡a mi no me haces esas caras, te sientas a comer y te callas!”, está reacción va directo al cerebro primitivo y lo único que vamos a conseguir es que se enoje más, que nos rete y que terminemos gritando y enojados, no va a solucionar nada y lo único es que el berrinche va a escalar y yo voy a acabar igual que él.

Si logramos diferenciar desde donde viene el berrinche y no nos enganchamos (cosa que se dice fácil pero en realidad es muy difícil) vamos a lograr conectar con el cerebro de arriba y podemos a ayudar a que el cerebro racional de nuestro hijo continúe desarrollándose y adquiriendo las habilidades necesarias para auto-controlarse y resolver problemas.

En resumen, si tu hijo está haciendo berrinche para manipular y conseguir lo que quiere,  (que le compres algo, que le des un permiso) no cedas, déjale claro que lo quieres mucho pero la respuesta es no.

Si el berrinche viene del cerebro primitivo, ayúdalo a controlarlo, no lo ignores, abrázalo, cambia de actividad o permite que se retire para que se tranquilice (puede tener un espacio especial en su cuarto o hacer alguna actividad física), una vez tranquilo, si se necesita dale seguimiento.

Somos padres aprendiendo  a ser padres.

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¿Qué lugar ocupas en tu familia?

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¿Cuál es tu orden de nacimiento?

Las personas que más impacto tiene en nuestra personalidad e identidad son nuestros hermanos, como lo explica Lynn Lott en su libro “Do it Yourself Therapy”. Si no tuviste hermanos seguramente fue un primo o pariente muy cercano.

Al crecer en una casa con más personas, tienes que encontrar la manera de como formar parte de ese círculo social llamado familia, el cual es el primero al que pertenecemos y en el que empezamos a tomar nuestras propias decisiones en cuanto a nuestra personalidad e identidad. Los roles se van repartiendo y uno tiene que ir viendo cuales ya se tomaron y cual puede ser el mío. Dentro del taller de Disciplina Positiva hacemos una dinámica donde agrupamos a los participantes de acuerdo al orden de nacimiento y entre todos hacen una lista de las características comunes que tienen en relación a ese orden. Es muy interesante ver las similitudes que encuentran dentro del grupo.

El Primer Hijo: Tiene toda la atención, está acostumbrado a ser el centro de atención y quiere cumplir con las expectativas de los papás. Frecuentemente son responsables, perfeccionistas y mandones.

El Segundo Hijo o Hijo de En medio:  Quiere hacer todo lo que su hermano hace, normalmente son mediadores. Es más competitivo y rebelde. Muchas veces es al que más trabajo le cuesta encontrar su lugar en la familia.

El Hijo Pequeño: tiene muchos papás, es consentido y normalmente se sale con la suya. No necesita compartir la atención de los papás y generalmente son simpáticos, sociales y divertidos. (Les tocan mas concesiones que a los hermanos mayores).

El Hijo Unico: tiene características del hijo mayor y del más pequeño. No tiene competencia, está rodeado de muchos adultos, pueden tener conflicto en compartir y negociar con otros.

Es importante mencionar que no hay dos hijos primeros iguales, o dos hijos de en medio idénticos. Hay diferentes aspectos que pueden haber causado que tomáramos diferentes posturas en cuanto a como pertenecer en la familia, como la edad entre hermanos, si el primer hijo es hombre o mujer, si son gemelos, si es una familia mixta, entre otras.

Todos somos únicos, el objetivo es entender como interpretamos el rol que llevamos en la familia,  y como podemos influenciar en las desiciones que van tomando nuestros hijos dentro de la familia.

Como padres es importante reflexionar como estamos actuando y si estamos haciendo diferencias entre nuestros hijos. Muchas veces los etiquetamos o los comparamos y esto provoca conflicto entre ellos. Es importante que tratemos a todos igual y que les demos las mismas oportunidades para que ellos puedan desarrollar su personalidad de la manera más sana posible.

Somos padres aprendiendo a ser padres. Read more

Desarrollo de lenguaje

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A través de los años hemos observado (en el preescolar donde trabajo) un cambio en el lenguaje de los niños, no sabemos bien la razón, pero lo más seguro es que están recibiendo menos estimulación por parte del adulto.

Desde el día que nacemos empezamos a desarrollar nuestro lenguaje a través de la audición, por eso es muy importante realizar el tamiz auditivo para que en caso de existir un problema a nivel audición lo podamos empezar a atender lo antes posible.

El bebé empieza a comunicarse a través del llanto y de acuerdo a las respuestas que recibe va entendiendo como funcionan las cosas: lloro y aparece mamá – lloro y me dan leche – lloro y alguien me carga…. voy a llorar para ver que pasa. Comienza a ser consciente de  las reacciones de mamá y aunque las palabras no le hacen sentido, alrededor de los 3 meses empieza a balbucear (hace ruidos con la boca) y cuando hace esto recibe diferentes estímulos: se escucha a él mismo haciendo ruido y esto le gusta y lo vuelve a hacer (un niño con problemas de audición deja de balbucear después de varias prácticas ya que no recibe ningún estímulo a nivel auditivo), también recibe estímulo por parte del adulto cuando este lo imita o le sonríe cada que hace ruido…. empieza a comunicarse con el adulto haciendo ruidos y el adulto le contesta.

Hacia los 6 meses empieza a darse cuenta que sus balbuceos reciben una respuesta, el dice “mamamamama” y mamá sonríe y le responde igual, se da cuenta que sus sonidos tienen una respuesta que lo hacen sentir alegre y entre más respuestas recibe, más lo va a hacer.

Cuando se acerca al año  dice sus primeras palabras: mamá, papá…. y empezará a comunicarse con los demás usando estas palabras y muchas onomatopeyas (guagua, tete, brrrr….)

Cerca de los dos años podrá juntar dos palabras como “mamá leche” y su vocabulario se empezará a enriquecer cada vez más. De los dos a los cuatro años su vocabulario aumenta de manera excepcional, la velocidad en la que adquieren nuevas palabras es mucho mayor que en las etapas anteriores.

Durante esta etapa es muy importante la estimulación que le podemos dar como padres, a pesar de que es hermoso escucharlos decir tete en vez de leche o guagua en vez de perro, es importante retroalimentarlo dándole el nombre correcto para que poco a poco vaya adquiriendo su vocabulario de manera correcta. Se escuchan divino a los dos años hablando de esta manera pero a los seis años ya no parece tan hermoso.

De los 2 a los 4 años, aunque su lenguaje no es perfecto, ya son capaces de entablar una conversación.

Hacia los 6 años se espera que ya produzca todos los fonemas, incluyendo la “rr” que es el último fonema en aparecer.

Aquí les dejo algunas sugerencias para estimular el lenguaje:

  • Platica con el desde el primer día.
  • Canta canciones de cuna.
  • Lee cuentos.
  • Cuando empieza a decir sus primeras palabras no lo corrijas, solo dale el ejemplo correcto (ej: tete – quieres leche?).
  • No le adivines, es importante crearle una necesidad para comunicarse, cuando le traducimos y le adivinamos todo, deja de esforzarse pues tiene quien lo solucione.
  • Grábalo para que cuando sea más grande disfruten escuchándolo.
  • Eres el modelo a seguir por lo que es importante que le hables claro y constante.
  • ¡Disfrútalo mucho y crea un vínculo con él!

Aprendiendo a ser padres.

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