Cómo parar el bullying

A los padres nos inquieta mucho saber que pasa con nuestros hijos en la escuela o en cualquier lugar donde no estemos presentes, ¿tiene amigos? ¿sabe defenderse? ¿se la pasa bien? ¿alguien abusa de él?…. y así tenemos muchas preocupaciones al respecto.

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La realidad es que no podemos estar al lado de nuestros hijos todo el tiempo y no podemos controlar todo lo que sucede en sus vidas. Lo que si podemos hacer es prepararlos para la vida y en esta ocasión nos vamos a enfocar en que podemos hacer para reducir el riesgo de que sean víctimas de bullying o que se conviertan en buleadores.

Creo que importante definir que es el bullying. De acuerdo al Dr. Olweus el bullying es un comportamiento agresivo que involucra acciones no deseadas y negativas, que se hacen con intención, es repetitivo, sucede por  períodos prolongados y siempre existe una diferencia de poderes o de fuerza entre el bully y la víctima. Aunque el trabajo de la escuela es esencial, como padres tenemos una gran responsabilidad que no podemos dejar en manos de ninguna escuela ni de ninguna persona externa a la familia.

La mejor manera de evitar que nuestros hijos sean los que hacen el bullying o sean víctimas de bully, es desarrollando sus habilidades sociales, principalmente la empatía (una persona que entiende como se siente el otro, es difícil que trate de hacerle daño), y como hacer esto:

  • No permita que su hijo obtenga los que quiere usando agresión
  • Modele la empatía (te dejo este video de plaza sesamo explicando la empatía)
  • Reconozca los sentimientos de su hijo (para generar empatía primero hay que aprender a reconocer nuestros propios sentimiento para después poder reconocer los sentimientos de los otros)
  • Enseñe a su hijo a ser asertivo, no agresivo
  • Cuando su hijo le platique algo, escúchelo activamente, no lo juzgue y NO resuelva por él, mejor platíquenlo y entre los dos encuentren una solución (siempre que rescatamos a nuestros hijos, les quitamos la oportunidad de aprender a resolver problemas por sí solos)
  • La casa es el mejor lugar para que el niño pueda practicar que hacer si no lo juntan o lo molestan. Pueden hacer juego de roles, de esta manera el sabrá que hacer cuando usted no esté presente
  • Si nota que la conducta de su hijo a cambiado (se ve triste, o se queja de no querer ir a la escuela, se vuelve muy callado…) acérquese a la escuela  para investigar si está pasando algo
  • Si la escuela lo contacta sea receptivo no reactivo, es mejor trabajar en equipo que negar que algo está sucediendo

Estudios han demostrado que el contar con un buen amigo reduce la probabilidad de ser víctima de bullying en un 90%, ya que no estás solo y tienes a quien contarle las cosas, por eso es importante fomentar las habilidades sociales desde pequeños. Inviten amigos a casa, si van a una fiesta observa como se involucra tu hijo con los demás y si le cuesta trabajo relacionarse ayúdalo (no lo resuelvas por él). Del mismo modo si notas que tu hijo es muy agresivo con los demás, modela su conducta, dale diferentes escenarios de como podría obtener lo que quiere sin necesidad de agredir y ayúdalo a darse cuenta que sentimiento provoca su conducta en el otro (empatía).

Recuerda que es importante darles las bases a nuestros hijos para que puedan lidiar con lo que se les vaya presentando en la vida, hay que acompañarlos y estar presentes pero no resolverles, hay que darles las herramientas para que ellos se vuelvan independientes, a veces nos parte el corazón verlos sufrir pero hay que entender que ese “sufrimiento” los va a ayudar a largo plazo.

Aprendiendo a ser padres.

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¿Cómo prepararnos para el regreso a clases?

Ya falta poco para regresar a clases, muchos papás contamos los días y no porque no queramos a nuestros hijos en casa, simplemente porque queremos regresar a la rutina diaria.

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Pero… ¿te has puesto a pensar que siente tu hijo? En mis años de escuela, asistí al mismo colegio desde el preescolar hasta la prepa y los grupos no cambiaban, siempre te tocaba con los mismos compañeros, y aún así recuerdo que cada que se acercaba la entrada al nuevo ciclo, empezaba a tener pesadillas, me dolía el estómago, no estaba muy segura de que es lo que iba a pasar, y al mismo tiempo estaba emocionada, quería ver a mis amigas, me encantaba comprar los útiles nuevos, en fin,  después de los primeros días todo volvía a la normalidad. Ahora que soy mamá y escucho los comentarios de mi hija sobre el regreso a clases, recuerdo muy bien esa sensación de ansiedad ante el regreso a escuela.

También me toca vivir el lado de la escuela (porque trabajo en una escuela), y puedo ver al que vienen con carita de angustia, al que viene corriendo super emocionado y ni adiós dice a los papás, al que llora porque ve que sus papás lo dejaron, al que habla mucho porque está nervioso y tiene mucho que decir… todos manejan este proceso de diferentes maneras.

Aunque no podemos evitar estos sentimientos, sí podemos ayudarlos a manejarlos de la mejor manera posible y así el momento de dejarlos en la escuela va a ser más fácil para todos.

Para que el regreso a clases sea más fácil:

  1. Regresa a la rutina una o dos semanas antes: que se acuesten temprano, que se levanten temprano, la bañada a la hora que normalmente se hace…
  2. Pueden hacer un cuento para explicarle que es lo que va a pasar: nos vamos a levantar, vamos a cambiarnos, nos subimos al coche, llegando a la escuela vamos a entrar por la puerta y …… (entre más detalle le demos mejor), y si pide que se lo contemos 20 veces quiere decir que lo está procesando y necesita escucharlo. También le podemos decir: “ahora tu cuéntame que es lo que vamos a hacer”.
  3. Valida sus sentimiento, en vez de decir “No va a pasar nada” mejor pregúntale “¿Qué es lo que piensas que va a pasar?, “¿qué podemos hacer para que no te sientas así?”
  4. En ocasiones ayuda que le den un objeto de mamá (un collar, una pulsera) o algo que sea significativo para él para que le ayude a sentirse tranquilo (hay que verificar con la escuela que este permitido).
  5. Tomen su tiempo para que lleguen temprano, si llegan de prisa se van a poner nerviosos y estresados, y esto se lo transmiten al niño.
  6. Hagan las despedidas cortas, entre más alarguen la despedida, más difícil va a ser para los dos.
  7. Lleguen a recogerlo a tiempo, al niño le causa mucha angustia ver que sus compañeros se van  y sus papás no llegan.
  8. Evita decir comentarios como: “No vayas a llorar” o “No te va a pasar nada”, ya que en vez de tranquilizarlos los ponemos más nerviosos.

Si ellos nos ven tranquilos y positivos por la entrada de la escuela, se los vamos a transmitir y se van a sentir con mucha más confianza.

Aprendiendo a ser padres.

Mamá necesita 5 minutos

En muchas ocasiones nos sentimos agobiadas y cansadas por todo el trabajo que necesitamos realizar en casa, pero al mismo tiempo sentimos una gran recompensa por saber que tenemos todo bajo control y que sin nosotras la casa no funciona.

A veces nos quejamos porque tenemos tanto que hacer, que apenas y nos damos tiempo para nosotras.

Es cierto que siente bien saber que nos necesitan, pero la realidad es que no nos necesitan para muchas cosas, y aún así las seguimos haciendo por ellos.  Cuando hacemos algo por nuestros hijos que ellos son capaces de hacer, les quitamos la oportunidad de que se vuelvan independientes, les mandamos un mensaje que dice:  “tú no puedes, yo lo hago por ti”. 

No podemos olvidar que estamos criando a nuestros hijos para convertirse en adultos independientes, y tampoco podemos olvidar que un día se van a ir (porque se tienen que ir) y lo ideal es que cuando se vayan, vayan bien equipados.

La independencia se va desarrollando poco a poco, no es como que un día van a despertar sabiendo ser independientes y responsables. Necesitamos empezar a educarlos desde pequeños para que poco a poco y de acuerdo a su edad vayan desarrollando estas habilidades.

Pasos para enseñar una tarea nueva

Tómate el tiempo para enseñarle una tarea (tender la cama, vestirse, bañarse…), después háganlo juntos (con muy poca ayuda de tu parte)  y una vez que lo logre deja que lo haga solo/a. Entre más independientes los hagamos, más tiempo vamos a tener para nosotras.

Esto no significa que nos ausentemos y los dejemos solos todo el tiempo, lo que queremos es que sean personas independientes, autosuficientes y poder acompañarlos y celebrar todos los logros que vayan teniendo. Y al mismo tiempo no podemos dejar de pensar en lo importante que es cuidarnos a nosotras, tomarnos esos 5 minutos (o más) para poder sentirnos realizadas. No olvides que un día se van a ir y  tu vida tiene que seguir.

Aprendiendo a Ser Padres

Dícere para papás

Enséñalo a que espere, es muy importante

Te has dado cuenta que cuando tu hijo te pide algo lo quiere de inmediato. Cuando le pedimos que espere un momento, se enoja y exige. En ocasiones cuando está con otros niños y quiere lo que tiene el amigo, lo arrebata o lo consigue de mala gana (no lo pide, ni propone turnos).

Los avances en la tecnología y el mundo en el que estamos viviendo hoy en día han permitido que nuestros tiempos de espera sean mínimos y esto nos está convirtiendo en adictos a la gratificación inmediata. Podemos conseguir lo que queremos de manera casi inmediata, no tenemos que hacer filas, no tenemos que salir para comprar, no tenemos que esperar una semana para ver el siguiente capítulo de la serie favorita y como estos hay miles de ejemplos.

La gratificación inmediata se basa más en un deseo que en una necesidad: lo quiero ahorita, lo quiero ya, sin demora!, y voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para lograrlo.  El mundo moderno en el que vivimos nos permite conseguir esta gratificación sin tener que esperar y la duración que tiene es tan corta. Todos estos avances nos ayudan de diferentes maneras pero NO nos ayuda a desarrollar la habilidad de esperar, ni de controlar nuestros impulsos. Y junto con esto estamos los papás que con tal de no entrar en conflicto y llevar la fiesta en paz cumplimos los caprichos del niño lo más rápido posible para evitar un berrinche que quien para después.

Nuestros niños están acostumbrados a recibir lo que quieren o necesitan sin necesidad de esperar o sin esfuerzo alguno, lo que provoca que lo valoren poco y que surja el deseo de algo más casi de manera inmediata y cada vez se vuelve más difícil que encuentren satisfacción alguna.

La Importancia de Aprender a Retrasar la Gratificación

En 1960 la Universidad de Stanford hizo un experimento en el que se le daba a un niño un malvavisco y se le decía que tenía dos opciones, se lo podía comer ó podía esperar por  5 minutos y le darían otro. En un seguimiento que se hizo, encontraron que los niños que esperaron para obtener los dos malvaviscos, se desarrollaron como adultos más sociales, con mayor auto-control y con mejor aprovechamiento académico que los que no pudieron esperar.

Una de las habilidades más importantes a desarrollar en nuestros hijos es el auto-control, el control de impulsos, el saber esperar. Está demostrado que las personas que son capaces de retrasar la gratificación, que tienen un buen auto-control,  se convierten en adultos exitosos tanto social como profesionalmente.

Para desarrollar esta habilidad en nuestros hijos primero debemos aprender a controlarnos nosotros, no pasa nada si no les damos lo que quieren de manera inmediata. Si quieren algo, hagan un plan con ellos para conseguirlo,  va a valorar más  porque tuvo que luchar por obtenerlo y lo va a disfrutar más.

Pueden jugar juegos de mesa, donde necesita esperar su turno y donde puede practicar la tolerancia a la frustración, ya que no puede ganar todo el tiempo. No le resuelvas las cosas, deja que lo intente y si no puede, ayúdalo.

No te dejes llevar por el camino fácil, a veces con tal de evitar el problema cedemos ante las exigencias del niño, pero a largo plazo no les va a permitir desarrollar las habilidades necesarias para la vida. Necesitamos encontrar un balance en nuestras respuestas, antes de actuar pregúntate si ¿realmente es algo de vida o muerte?, ¿es tan importante que lo consiga en ese momento?, ¿qué aprendizaje le está dejando?.

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¿Lo Proteges o lo Rescatas?

A nadie le gusta ver a sus hijos sufrir, cuando esto sucede tomamos las riendas del asunto y ponemos todo en orden con tal de que nuestros hijos estén bien. Siempre actuamos por el amor tan grande que les tenemos….¿acaso no es nuestro rol como padres el proteger a nuestros hijos?.

Pero ¿hasta donde debe llegar esta protección?

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Es importante definir y conocer el balance entre proteger de manera sana a nuestros hijos y rescatarlos.

Podríamos decir que proteger sanamente se refiere a cuidarlos ante un peligro inminente, por ejemplo agarrarlo de la mano para cruzar la calle, o ponerle el cinturón de seguridad antes que arranque el coche, tomarse el tiempo de escucharlo y acompañarlo en sus desiciones.

Rescatar significa hacer todo por él y cumplir con sus demandas para que no sufra, por ejemplo traducir lo que quiere decir, vestirlo sabiendo que se puede vestir solo, regañar a otro niño o a la mamá del otro niño porque le dijeron o le hicieron algo, comprarle el juguete que quiere para que no llore, cargar su mochila, buscar todo lo que perdió en la escuela (la lista podría seguir y seguir)…. y todo en nombre del amor que le tenemos.

Cada vez que hacemos algo por nuestro hijo que él es capaz de hacer, estamos mandando un mensaje de “tú no eres capaz”, y luego nos quejamos porque no pueden hacer nada solo.

Si queremos que nuestros hijos sean adultos responsables e independientes, debemos empezar desde pequeños a:

  • Dejar que exploren sus propias consecuencias: si el decidió no hacer la tarea, hay que dejarlo que explore que pasa.
  • En vez de decirle que hacer, enseñarlo como hacerlo: enséñale como hacer las cosas antes de exigirle que las haga (bañarse, vestirse, hacer la cama…)
  • Involucrarlo en las tareas de la casa: que tienda su cama, que recoja su plato de la mesa, que ayude con el perro, que se vista, que se bañe.
  • Acompañarlo y ofrecer nuestra ayuda cuando él lo requiera: “te puedo sugerir algo” y él decidirá si lo quiere intentar o no.
  • No hacer nuestras propias conclusiones, primero hay que escucharlos.
  • Creer en ellos, ten confianza en que puede resolver las cosas sin ti.

 

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No todos los berrinches se deben ignorar

Cuando mis hijos eran pequeños me aconsejaron varias veces que ignorara sus berrinches, porque si les hacía caso entonces ellos iban a salirse con la suya. La realidad es que no siempre se sentía adecuado ignorarlos, por lo que nunca seguí el consejo al pie de la letra.

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Varios años después (no muchos) me encuentro con el libro del Dr. Daniel Siegel “The Whole Brain Child” (el cual se los recomiendo)y leo una explicación muy interesante acerca de los berrinches, la cual  me hace mucho sentido.  Antes de entrar en esta explicación es importante saber  como funciona nuestro cerebro, El Dr, Siegel nos dice que lo podemos ver como si fuera una casa de dos pisos, el piso de abajo es como nuestro cerebro primitivo, el cual cubre nuestras necesidades básicas (comer, respirar, estar alerta al peligro) y el piso de arriba es más complejo y representa la parte racional (pensar, tomar desiciones, resolución de problemas…). Hay que tomar en cuenta que cuando nacemos, el cerebro primitivo  ya está desarrollado y el cerebro racional termina de desarrollarse a los 25 años aproximadamente.

Regresando a los berrinches, existen dos tipos: los que vienen del cerebro racional y los que vienen del cerebro primitivo. Los primeros son los que debemos “ignorar” (o más que ignorar a no ceder ante ellos) y son con los que necesitamos ser firmes y poner límites, pues el niño/a los usa como manipulación, sabe bien lo que está haciendo y si no le funciona lo va a dejar de hacer; por ejemplo cuando vamos a la tienda y empieza a hacer un berrinche para que le compremos un juguete y usa argumentos como: “Lo necesito, lo he estado buscando desde hace mucho, es el único que queda….” y muchas veces con tal de que no nos haga pasar ese momento tan incómodo en la tienda terminamos por ceder. Como dice el Dr. Siegel “nunca negocies con un terrorista”, si el niño hace berrinches usando el cerebro racional y nosotros accedemos, aprende que esta es la manera de obtener lo que el quiere, por lo que nuestra respuesta debe ser firme y cordial: te quiero mucho y la respuesta es no.

Por el otro lado, cuando el berrinche viene desde el cerebro primitivo, el niño literalmente no está pensando, no sirve de nada amenazarlo o gritarle porque su cerebro racional está apagado, necesitamos sacarlo del estado en el que está para que vuelva a conectar con su cerebro racional y una vez que lo logremos entonces podemos platicar con él y ayudarlo a resolver lo que sea que causo el berrinche. En un niño pequeño la mejor manera de sacarlo de ahí es con un abrazo, moviéndolo físicamente de donde está (con respeto, no con jalones) y re-direccionando su atención a otra cosa (“mira el pajarito”). En un niño más grande, si acepta que nos acerquemos podemos hacerlo, debemos darle tiempo para que se tranquilice y va a depender mucho de nuestra respuesta si podemos lograr que conecte con el cerebro de arriba o  hacemos que el berrinche escale, aquí un ejemplo: Si se enoja a la hora de la comida, se para y se va,  puedo acercarme y reconocer sus sentimientos, si veo que responde puedo continuar con una platica respetuosa (con la idea de apoyarlo a que podamos buscar una solución y sin que me sienta como una amenaza), puedo empezar diciendo: veo que estás enojado, ¿quieres que platiquemos sobre lo que pasó?, si veo que no está listo puedo decir, aquí estoy para cuando quieras platicar (en un tono de interés sincero no de amenaza o enojo), la idea es que el sepa que cuenta con nosotros en las buenas y sobre todo en las malas, que tiene nuestro amor incondicional, una vez que logre tranquilizarse podemos platicar con él.

La otra respuesta (no positiva) sería: “¡a mi no me haces esas caras, te sientas a comer y te callas!”, está reacción va directo al cerebro primitivo y lo único que vamos a conseguir es que se enoje más, que nos rete y que terminemos gritando y enojados, no va a solucionar nada y lo único es que el berrinche va a escalar y yo voy a acabar igual que él.

Si logramos diferenciar desde donde viene el berrinche y no nos enganchamos (cosa que se dice fácil pero en realidad es muy difícil) vamos a lograr conectar con el cerebro de arriba y podemos a ayudar a que el cerebro racional de nuestro hijo continúe desarrollándose y adquiriendo las habilidades necesarias para auto-controlarse y resolver problemas.

En resumen, si tu hijo está haciendo berrinche para manipular y conseguir lo que quiere,  (que le compres algo, que le des un permiso) no cedas, déjale claro que lo quieres mucho pero la respuesta es no.

Si el berrinche viene del cerebro primitivo, ayúdalo a controlarlo, no lo ignores, abrázalo, cambia de actividad o permite que se retire para que se tranquilice (puede tener un espacio especial en su cuarto o hacer alguna actividad física), una vez tranquilo, si se necesita dale seguimiento.

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¿Qué hay atrás del “mal comportamiento” de los niños?

El otro día estaba paseando en Antea y me tocó ver a un papá que tenía cargando a su hijo de aproximadamente un año,  el niño le pegaba a su papá y el papá se reía, después de un rato se acercó un niño más grande, como de 5-6 años, que al parecer estaba viendo lo mismo que yo, se acercó al papá que cargaba al hijo y le pegó…. pero está vez la reacción del papá fue diferente, al niño mayor, que también era su hijo, le tocó un regaño muy fuerte por haberle pegado: “¿cómo se te ocurre?” y el niño comenzó a llorar, aventó y le pegó al papá, y se fue a esconder abajo de la ropa (estábamos en una tienda de ropa). Estoy segura que si yo hubiera sido ese papá hubiera reaccionado de una manera muy similar pues normalmente cuando este tipo de conductas suceden, reaccionamos y no nos detenemos a pensar.

En esta ocasión vamos a meternos en el mundo del niño para tratar de entender que hay atrás de su comportamiento.

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“Los niños son muy buenos observadores, pero muy malos interpretes”- Rudolf Dreikurs. El niño observó que su papá jugaba con su hermano a que el hermano le pegaba al papá y el papá se reía, el niño interpretó que este juego era divertido para el papá,  por lo que decidió hacer lo mismo pues quería formar parte del juego (quería sentir que pertenecía), y tomó la decisión de participar en el juego pegándole al papá. Cuando recibió una reacción diferente a la de su hermano por parte del papá, el niño tuvo la creencia que a él no lo quieren, solo a su hermano y por lo tanto decidió “portarse mal” aventando y pegándole al papá y corriendo a esconderse abajo de la ropa.

Es muy difícil que pasemos todo el día descifrando comportamientos, pero cuando el niño se está “portando mal” de manera continúa nos está diciendo que siente que no importa y que no pertenece, y es importante que le dediquemos tiempo a entender porque lo está haciendo, de lo contrario solo estamos reaccionando ante un comportamiento y no estamos actuando de manera intencional. Si entendemos que el niño se siente celoso del hermano y cree que a él ya no lo quieren, voy a actuar de manera diferente: puedo hacer un juego especial con él donde el hermano no participe, o puedo invitarlo a jugar con los dos de una manera diferente, también podría explicarle la diferencia entre su hermano y él…. hay muchas cosas que podría hacer para cambiar su percepción. Pero si solo me quedo con la idea de que me pegó por grosero y porque no se porta como debería por ser grande, el sentimiento de que no importa y no pertenece cada vez va a ser más grande y va a continuar “portándose mal”.

Cinco cosas que podemos hacer para que el niño se sienta que pertenece y que importa son (basadas en Disciplina Positiva):

  1. Darle tiempo especial pasando tiempo a solas con él y haciendo algo que los dos disfruten mucho (no cuenta el momento de hacer tarea).
  2. Involucrarlo en las actividades que realizamos.
  3. Reconocer sus sentimientos (muchas veces no saben como decirlo y recurren al “mal comportamiento”).
  4. Resaltar todo lo positivo que hace y tratar de no enfocarse solo en lo negativo.
  5. Asegurarnos que el mensaje de amor llegue.

 

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¡¡Educar sin castigos, si se puede!!

La promesa de poder educar sin castigos, es muy prometedora pero genera mucho nerviosismo porque a nosotros nos educaron con castigos y es como sabemos educar. La Disciplina Positiva es una filosofía que se basa en el respeto mutuo y no en el castigo.

Hace 14 años tuve mi primer acercamiento a la Disciplina Positiva.  La primera vez que escuché de ella fue en mi trabajo, la directora del kinder en ese momento me platicó un poco de ella y me ofreció la certificación para iniciar a aplicarla en la escuela, nunca imaginé que  mi entrenamiento  fuera con Jane Nelsen, co-fundadora de la asociación y co-autora del libro “Disciplina Positiva”.  Desde el primer momento me sentí totalmente identificada con esta disciplina, justo la disciplina que quería para mi casa, para mi trabajo y para poder compartirla con los padres de la escuela, y desde entonces he podido estudiarla, aplicarla y compartirla.

Esta disciplina esta basada en el trabajo del Psicólogo Alfred Adler (1870-1937), el cual decía que la primer meta del ser humano es la de pertenecer y sentirse importante, y que todos los seres humanos nos movemos a través de contextos sociales. Nuestro comportamiento van en función a estos contextos sociales y el primer contexto en el que nos movemos es el de la familia. El niño necesita sentir que pertenece y que forma parte de su familia y algo que he visto a través de estos años es que la dinámica familiar que llevamos en estos días, dificulta este sentido de pertenencia. Y aquí surge una pregunta importante ¿cómo hago para que mi hijo se sienta que forma parte de la familia?,decirle que lo quiero y darle todo no lo va a hacer sentir que pertenece. Hay que involucrarlo, darle tareas, hacerle sentir que sin su ayuda esta casa no podría ser la misma.

En nuestros primeros 5 años de vida empezamos a tomar decisiones de manera inconsciente de como actuar en estos contextos de acuerdo a las experiencias que vamos teniendo (¿qué sentimos? ¿qué pensamos? y ¿qué decidimos?) y todas estas decisiones se ven reflejadas en la vida adulta (como me relaciono con los demás, con quien me relaciono, como me porto…). Y siempre con la misma meta: sentido de pertenencia y de importancia.

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Los contextos sociales rigen nuestro comportamiento. Cuando mi niño hace un berrinche en un lugar público, mi reacción se ve afectada por el entorno social, ¿qué van a pensar los demás de mi?, así que mi respuesta va a ser en función al contexto social y no a la necesidad de mi hijo- “te voy a dar una nalgada para que llores por algo” ó “ten el juguete con tal de parar el berrinche”.

¿Qué pasa cuando un niño siente que no pertenece o que no importa en un contexto social? va a empezar a llamar la atención de manera negativa, se va a “portar mal” y de esa manera sí consigue la atención de los demás, y mi reacción como papá es castigarlo porque me hizo enojar y porque si no lo hago se va a salir con la suya. El castigo sí sirve pero a corto plazo. En realidad no tenemos que hacer sentir mal al niño para que se porte bien, cuando el se siente bien actúa bien, cuando se siente mal busca la manera de mostrar que se siente mal.  La idea no es poner castigos, la idea es que el niño se haga responsable de sus actos, deben saber que sus actos tienen consecuencias y que estas a veces son buenas y a veces son malas, y esas consecuencias deben ir relacionadas a la acción que hizo el niño, con el objetivo que repare el daño causado: si rompo algo lo tengo que reponer, si no como a la hora de comer debo esperar hasta la siguiente comida para poder comer, si no acabo mis tareas a tiempo no me da tiempo de ver la tele y tendré una consecuencia en la escuela por no entregar la tarea…. Ellos toman la decisión y yo no soy la mala del cuento, la responsabilidad es de ellos no mía. Hay que enfocarnos en la solución del problema, no en que consecuencia poner, en vez de buscar culpables hay que buscar soluciones: “Todas las soluciones son consecuencias, pero no todas las consecuencias son soluciones”.

Aquí algunas sugerencias al poner consecuencias:

  1. Decide que vas a hacer.
  2. Anticípate (si peleas en la fiesta nos vamos a tener que ir).
  3. Cumple lo que prometes.
  4. Conecta antes de corregir.
  5. Que no te gane el enojo, toma tu tiempo para tranquilizarte antes de lidiar con el problema.
  6. Recuerda que deben ser relacionadas con el comportamiento (si no acabo la tarea no tengo tiempo de jugar, si tiré la leche la tengo que limpiar…).
  7. Piensa en soluciones, no todo tiene consecuencias pero todo tiene soluciones.

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¿Te has puesto a pensar en que entorno social sientes que perteneces y que importas? ¿cómo actúas en este entorno a diferencia de uno que te haga sentir que no perteneces? ¿encuentras alguna relación con experiencias pasadas? Cuando sientes que perteneces y que importas todo fluye y es poco probable que “te portes mal”.

Es importante conocernos a nosotros para poder conocer y apoyar más a nuestros hijos. Reflexiona con estas preguntas y observa tu entorno, eso te ayudara a entender que sientes, que piensas y como influencías en la vida de tus hijos.

Somos padres aprendiendo a ser padres.

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Las rutinas en los niños son como los cimientos de una casa

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Las rutinas para los niños pequeños son indispensables, ya que les da seguridad y estructura. Cuando el niño sabe que es lo que va a suceder permite que sienta confianza,  por el otro lado, los niños que no tienen rutinas o que no las tienen claras muestran mucha ansiedad ya que no saben que esperar.

Hay que recordar que los niños por su edad y desarrollo viven en una etapa de cambios constantes, cuando estos cambios suceden dentro de una estructura,  les permite manejarlos de manera más eficaz. Al tener rutinas el niño desarrolla un sentido de orden y de estabilidad que le permitirá enfrentar estos nuevos retos.

También les ayudará a ser independientes, cuando  creamos las rutinas junto con ellos  y los involucramos en las tareas del hogar  vamos formando hábitos (un hábito se forma después de repetir la misma tarea por 21 días), al ser constantes en seguirlas, va a llegar un momento en que el niño lo haga sin necesidad de que el adulto le diga que tiene que hacer.

El tener una casa con rutinas y estructura no significa falta de creatividad o de flexibilidad, de vez en cuando se vale romperlas, siempre y cuando lo platiquemos con los niños para que estén listos para lidiar con este cambio y  tener cuidado en no romperlas continuamente. Cuando empezamos a romper las rutinas con frecuencia, el comportamiento del niño empieza a cambiar, se vuelve más inquieto, en ocasiones empieza a morderse las uñas, o a chupar las playeras y esto es un reflejo de la ansiedad que causa el no saber que pueden esperar.

Involucra a los niños en la creación de las rutinas, puede ser con dibujos o fotos de ellos realizando la tarea que les toca (comiendo, lavándose dientes, con la pijama…).

Algunos de los beneficios de tener una rutina en casa son:

  • Evitar la lucha de poderes a la hora de dormir o en las mañanas.
  • Ayudan a que los niños sean más cooperadores
  • Le ayuda al niño a seguir un horario
  • Establece expectativas
  • Le da a tu hijo confianza e independencia
  • Establece hábitos sanos y constructivos
  • Da a los niños estabilidad en tiempos de cambios 

Puedes visitar este link para ver más ideas para crear las rutinas con tus hijos.

Somos padres aprendiendo a ser padres.

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No es tan malo dejar que los niños sufran

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Muchas veces, en el nombre del amor, los padres queremos proteger a nuestros hijos del sufrimiento, y no nos damos cuenta que necesitan “sufrir” para aprender a lidiar con el fracaso porque esto les va a dar las herramientas para poder resolver un problema y va a permitir que desarrollen las habilidades necesarias para enfrentar luchas más grandes. Y no digo que los hagamos sufrir intencionalmente, me refiero a dejarlos de rescatar y de resolverles todo.

Un niño no se siente capaz solo porque los papás le decimos que él puede y que debe sentirse capaz de lo que sea. Como va a sentir que es capaz cuando le decimos que sí puede, pero no lo dejamos que lo intente: “yo se que sí puedes tender tu cama, pero mejor yo la hago” ó el niño tiende su cama y le decimos “muy bien” pero en el momento que se voltea, rehacemos toda la cama porque la dejo mal hecha. 

¿Cuál es el mensaje que le estamos mandando?: ¡TU NO PUEDES!. El niño desarrolla sus percepciones a partir de las experiencias que va viviendo, si lo que él vive es que el adulto se encarga de resolverle todo en  la vida, la percepción del niño es “no necesito hacer nada, no puedo hacer nada, alguien más lo resuelve por mi, para que lo intento”.

Tenemos que entender que cada que hacemos algo por nuestros hijos, que ellos son capaces de hacer, les estamos quitando la oportunidad de desarrollar su percepción de sentirse capaces y de volverse independientes y responsables.

Para que el niño desarrolle esta percepción necesitamos tomarnos el tiempo de enseñarle a hacer las cosas que damos por hecho que debe saber (vestirse, tender la cama, lavarse los dientes, recoger la mesa…) y una vez que le enseñemos, debemos permitir que lo haga solo, y si algo se atora que trate de resolverlo para que al final del día pueda decir “¡Me vestí yo solo!”, “¡Me bañé solo!”, “¡Lo logré!”.

De acuerdo al libro Raising Self-Reliant Children in a Self-Indulgent World de Jane Nelsen y Stephen Glenn, existen cinco comportamientos por parte de los padres que constantemente afirman y validan a los niños y a nuestra creencia en sus capacidades:

  1. Revisar: en vez de asumir hay que revisar (¿cómo te gustaría resolver esto? me gustaría revisar ___________ contigo)
  2. Explorar: la experiencia es mucho más efectiva para enseñar que los propios padres. Permítanle que explore y que viva los resultados.
  3. Motivar/Involucrar: los niños se sienten motivados cuando los vemos como riquezas en vez de como objetos, ver los errores como oportunidades para aprender en vez de verlos como fracasos.
  4. Celebrar: Hay que celebrar sus logros de manera adecuada (reconociendo sus progresos, “me gusta como pusiste la jarra en la mesa”, “gracias por poner la mesa”).
  5. Respeto: El lenguaje del respeto es “¿Qué fue lo que entendiste de….?” ¿Quieres que lo platiquemos?.

Es importante que en vez de dirigir, explicar, rescatar, asumir y esperar que actúen como adultos, usemos estos 5 comportamientos, los cuales invitan a tener una actitud positiva y de respeto, y ayudaran a que el niño desarrolle su percepción de “SOY CAPAZ”

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